Una tarde de verano en Quila Quina con el kitesurf como protagonista

Locales 03 de enero de 2021 Por Daniel Bornetto
Aficionados al deporte aprovecharon la jornada de domingo para desafiar al viento con piruetas que despiertan asombro. Además fueron muchos los que buscaron la tranquilidad de las playas que brindan espacio suficiente para mantener la distancia.
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A 18 kilómetros de San Martín de los Andes, entre montañas, se esconde una de las tantas gemas patagónicas: Quila Quina, que en en el primer domingo del año recibió la visita de cientos de personas que se dispusieron a pasar una agradable tarde a la vera del lago Lacar.

Para arribar a destino, hay que atravesar un serpenteante camino con vistas imponentes, que llega a los 900 metros de altura, desde donde asoman balcones al precipicio que permiten contemplar la belleza del paisaje.

Tras un viaje de no más de 40 minutos, en el que se sugiere andar con prudencia siempre atento a la imprudencia de conductores que manejan de manera temeraria, exponiendo a propios y ajenos, se arriba a destino.

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En un domingo soleado con elevada temperatura, largas filas de autos estacionados a lo largo de los tres kilómetros de península, son la antesala del esperado encuentro con la naturaleza.

Ya en el lugar, y en función del Covid, si bien casi nadie lleva barbijo puesto, si se respetan las medidas de distanciamiento, ya que la playa es amplia y no son muchos los que llegan hasta aquí. Aunque para residentes la entrada es gratuita, no así para el resto de los turistas que deben abonar para acceder al lugar, en jurisdicción de Parques.

Si algo distingue a Quila Quina es la gran cantidad de aficionados a las actividades náuticas. Muchos llegan en sus lanchas para estacionar a metros de la playa, otros en el clásico catamarán que amarra en el muelle y la gran mayoría por vía terrestre.

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Como sucede en Villa Lago Meliquina, aquí también el kitesurf es protagonista. No menos de 30 aficionados al deporte dibujan piruetas en el aire que despiertan el asombro de quienes hipnotizados siguen a los lejos -mate en mano- lo que en el agua hacen los deportistas.

En el cielo, las cometas de tracción lucen de diferentes colores, parecen mezclarse, fundirse unas y otras en un llamativo despliegue de tonalidades, como inmensos barriletes flameando en el viento. Los kitesurfistas maniobran a gran velocidad mostrando una pericia que causa sana envidia. Lo harán hasta que el día regale los últimos destellos de sol.

En el playa, las familias aprovechan para distenderse. Los hay locales y también quienes llegaron desde otros puntos del país.

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Tal el caso de Juan Carlos con su hijo Manuel, quien vino a pasar unos días a San Martín de los Andes para seguir luego viaje a Villa La Angostura. "Es la tercera vez que vengo y la primera en familia" narra en diálogo con este medio. "Es increíble el lugar y hay menos gente que en otras playas" destacó.

Al lado, su hijo con una camiseta de Chacarita lleva una pelota en la mano, que se presume será la invitada de honor para unos pases hasta que el sol lo disponga.

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Unos metros más adelante, Noelia -oriunda de San Martín de los Andes-  también aprovecha para tomar sol y descansar en un año atravesado por la pandemia que no dio respiro. "Nos gusta el lugar y siempre que podemos venimos" dice con agrado mientras su amiga Juliana al costado asiente, al tiempo que continúa la venta de tortas fritas. En este caso, con barbijo colocado encaran la tarea con responsabilidad.

Lentamente, el día se diluye y regala su última postal. Será entonces el turno del regreso por caminos polvorientos hasta que la 40 y el asfalto guíen a destino.

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