Hoy más que nunca el barbijo no es una opción sino una obligación

Locales 28 de diciembre de 2020 Por Daniel Bornetto
Preocupa en nuestra ciudad como en especial los adolescentes desprovistos de tapabocas corren riesgos poniendo en peligro también a terceros. Esta conducta se repite y cada vez son menos los que lo usan.
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El uso de barbijo, tan efectivo para mitigar contagios y por ende la propagación del Covid, parece haber quedado atrás para los adolescentes, como si la pandemia estuviese en ciernes a extinguirse cuando la realidad indica que este método, más allá de las vacunas, según los expertos llegó para quedarse un largo tiempo hacia esa soñada nueva normalidad, que aún se presume distante.

Con la llegada del verano, con días soleados y temperaturas elevadas, cada vez son menos los que lucen tapaboca. Recorriendo nuestra ciudad se observa como el hábito tiende a diluirse y ya son unos pocos los que apenas dejan asomar sus ojos.

En las playas, los jóvenes suelen recorrer la costa de diferentes balnearios sin protección y en los balcones de la Ruta 40 se juntan -de manera peligrosa-  ya no solo sin barbijo sino tampoco respetando el distanciamiento, y -lo más grave aún- compartiendo el mate o tomando bebidas de una misma botella.

En ese contexto, continúa en aumento la evolución de la curva de contagios al tiempo que las autoridades reiteran -una y otra vez- las medidas preventivas casi como un ruego de cuidado personal pensando en el otro.

Con 60 positivos, este domingo el COEM dio a conocer el récord de casos desde el inicio de la pandemia. También continúan en ascenso las personas aisladas que ya ascienden a más de 800, como los casos activos que orillan los 400 , al tiempo que son 6 los internados en la UTI de Clínica Chapelco. Si a esto sumamos la situación epidemiológica de localidades vecinas, la transgresión despierta aún mayor preocupación. Junín de los Andes, Villa la Angostura, Aluminé, Piedra del Águila y hasta Villa Traful -que no había tenido casos-  están hoy inmersos en una compleja coyuntura con un incremento en la evolución de la curva de contagios.

Cabe aclarar, que el sistema sanitario está unificado y no entiende de regiones. En la Microrregión Sur, Clínica Chapelco es el única unidad en condiciones de atender formas graves de Covid, dada su complejidad ya que cuenta con camas de terapia intensiva. Claro que las mismas no son solo para los casos vinculados a Sars-Cov2 sino también para otras patologías.

También es justo indicar que esta situación de laxitud y relajación de las medidas preventivas se aprecia también en otras jurisdicciones del país y en todas las franjas etarias, aunque en menor medida.

Propio de la edad y la transgresión a lo dado, en una época donde el encuentro con los otros es vital, se hace fundamental y necesario recalcar -por ejemplo- datos que expliquen a los adolescentes, además del uso correcto de barbijo porque es fundamental llevarlo puesto.

A su vez, cuestiones tendientes a la propagación del virus en espacios al aire libre. En este caso si bien el riesgo se morigera no implica que desaparezca.

Según una investigación de la Florida Atlantic University, una persona con barbijo puede -al aire libre- disparar las micro gotas apenas a una distancia de 7cm; en cambio sin el mismo estas pueden recorrer hasta dos metros e incluso más según la dirección del viento y la intensidad de los efluvios como cantar, reír, gritar, toser o estornuda.

Los infectólogos indican que los protectores faciales junto al lavado de manos disminuyen el riesgo en un 85%. Para el doctor, Pedro Cahn, uno de los asesores del presidente, el uso de tapabocas "es un acto de solidaridad social"

Otro aspecto a considerar consiste en su uso correcto. Se observa como aquellos pocos que en nuestra ciudad se lo colocan, lo hacen para ingresar a comercios o supermercados, donde se lo exige de manera obligatoria, pero una vez en la calle se lo sacan o bien se lo colocan debajo del mentón o de la nariz. También y lo peor están quienes lo llevan en la muñeca.

Además, se observa que algunos tapabocas no reúnen las condiciones de higiene, aumentando al riesgo. En ese aspecto vale recalcar la sanitización del protector cada vez que se ingresa al domicilio lavándolo con agua caliente y jabón de tocador.

No es cuestión de cargar las tintas contras los adolescentes sino atribuir responsabilidad también a los adultos para alentar el uso de barbijo. En una etapa de sus vidas donde el peligro es un límite de permanente transgresión y la libertad el bien más preciado, adaptarse a esta excepcionalidad requiere de comprensión y empatía.

Se hace entonces necesario concientizar, comunicar efectivamente, repetir, predicar con el ejemplo y alentar su uso, no desde el punto de vista punitivo sino abrevando en sus beneficios.

A esta altura, cuando en Europa se vive una segunda ola, hay que insistir en que adolescencia no implica inmunidad, que los riesgos de contagios existen, que las muertes aunque en menor porcentaje también y que de su cuidado depende el mundo adulto, muchos de ellos familiares considerados grupos de riesgos, que podrían ser sus padres, abuelos o hermanos.

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