“Dolina es un referente y fui afortunado en trabajar con él”

Entrevistas 27 de agosto de 2019 Por Redacción
En el Día de la Radio El Sur también existe entrevistó a Guillermo Stronati, locutor y ex integrante del ciclo radial “La venganza será terrible”.
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La magia del receptor irrumpe misteriosa cuando a través del dial buscamos sintonizar una voz que nos introduzca en un mundo donde construimos imágenes hasta armar ese rompecabezas del que fabricamos las piezas que faltan.

Presumimos desde donde nos hablan, cual será el aspecto del locutor, de que sonríe cuando calla o simplemente porque dice lo que dice.

En ese mundo de antenas y ondas electromagnéticas hay ciclos que han dejado una huella por su impronta a la hora de dejar volar la imaginación aportando al oyente el sentido mismo de la radio que es imaginar hasta crear.

Saberse poderoso por un instante descubriendo que pegado al receptor y con una historia -que se precie de tal- todo es posible, aún lo imposible.

La Venganza será terrible es sin dudas una marca indeleble en la radiofonía argentina. El programa que conduce todas las noches Alejandro Dolina nos invita a sumergirnos en un mundo donde los duendes habitan el palacio de cuyas llaves es dueño cediendo una de sus tantas copias a Guillermo Stronati, nuestro entrevistado de hoy.

Nacido en la localidad bonaerense de 25 de Mayo, de muy chico conoció y supo encontrar su lugar en el mundo detrás de un micrófono. Comenzó trabajando en una radio que transmitía por circuito cerrado en el pueblo que lo vio nacer, y actualmente conduce “Aperitivo Continental” los días sábados en la radio que lleva el mismo nombre de su programa.

Claro que en el medio mucha agua ha corrido debajo del puente y que mejor que conocer su historia en primera persona, justamente cuando se cumplió este domingo un nuevo aniversario del día en el que Enrique Susini, Luis Romero Carranza, César Guerrico y Miguel Mujica se convirtieron para siempre en “Los Locos de la Azotea”, al llevar a cabo la primera transmisión radial del mundo –la ópera Parsifal– en 1920, al tiempo que desde ese momento formaron LOR Sociedad Radio Argentina, al colocar una pequeña antena en la terraza del Teatro Coliseo.

El Sur también existe entrevistó a otro “animal” de radio, con ustedes Guillermo Stronati.

¿Cómo fueron tus inicios en la radio?

Cuando arranque a los 17 en esta vocación de locutor amateur trabajaba en una radio de circuito cerrado en 25 de mayo y en las fiestas populares era convocado como animador.

¿De que se trataba esa radio vía circuito cerrado a la que te referías?

Era un cableado parecido al de la televisión por cable que corría por sobre los techos de la ciudad y quienes deseaban contratar el servicio se les instalaba en el interior de los comercios u hogares difusores para poder recepcionar la transmisión.

En 25 de Mayo había dos emisoras del estilo, una se llamó Radio Centro y la otra 25 de mayo. To trabaje en ambas, en una del año 77 al 79 y en la otra del 79 hasta el 82.

¿Qué hacías específicamente en aquellos inicios?

Me inicie de casualidad como locutor comercial en un equipo deportivo llamado Deporterama que transmitía partidos. Después hubo una dificultad con el relator de futbol y como soy un apasionado me atreví a relatar los partidos de la liga de mi pueblo y la Copa Becar Varela con los clubes de la región.

¿Cómo fue esa llegada a la gran ciudad venido de un pueblo bonaerense?

En el 79 mientras estudiaba de noche de 19 a 23 en el COSAL al mismo tiempo hacia el primer año de la conscripción. Buscando empleo tuve la suerte de conseguir un trabajo administrativo de cobrador en el área e créditos y cobranzas de Radio del Mundo, Mitre y Antártida –donde esta Radio Nacional hoy-.

Todo fue ocasional porque me mandan a la trasnoche como castigado ya que pedía insistentemente salir del área de cobranzas y empezar a trabajar de locutor al menos los fines de semana.

Yo era cobrador de las tres emisoras que funcionaban en distintos pisos del edificio. Cuando me recibo de locutor tuve las primeras posibilidades de trabajar como suplente hasta que en el 85 se dio la vacante al jubilarse un locutor de la trasnoche en un turno de 1 a 7 de la madrugada que en aquel momento me parecía ingrato. Cuando me lo propusieron acepté y se da la casualidad que el 2 de mayo del 85 comienza un ciclo que se llamó demasiado tarde para lagrimas con Adolfo Castelo y Alejandro Dolina al que me sumé primero como locutor y luego como partenaire.

¿Qué sabías de Dolina y Castello en aquel entonces?

Los conocía a todos. Al “negro” (Dolina) lo leía en la revista Humor y también era seguidor de Carlos Abrevaya y Jorge Guinzburg. Y a Adolfo Castelo lo conocía de Semanario Insólito antes del inicio de la Noticia Rebelde. Castelo y Dolina habían iniciado el programa en la radio de 13 a 15 y parece que no tenía mucha repercusión entonces como castigo – Fernando Marín que era el Gerente artístico de la radio- los termino mandando a la trasnoche. Y yo termine siendo un afortunado porque el programa fue un boom que sorprendió a las autoridades de la radio e incluso a los protagonistas.

¿Cómo es trabajar sin red con ellos ya que hay que estar preparados y dispuestos a sus ocurrencias e impronta?

Yo estaba siempre atento a lo que expresaban al aire. El “negro” arrancaba con mitología y Castello estaba siempre atento para meter el bocadillo. Y después había secciones ocurrentes. Yo empecé a trabajar con el Sordo Gance (personificado por Dolina) quien cantaba tanguitos y la gente empezó a pedir otras cosas como cumbia en la que yo tenía experiencia por  las presentaciones en mi pueblo donde se escuchaba ese género.  me atreví a cantar temas de Wawanco, el cuarteto Imperial, Palito Ortega. Y a Dolina le gusto esa faceta mía y me incorporo. Hasta que Castelo deja el programa en el 87  y se me abrió la puerta y empecé a bajarlo al negro al llano porque si no se va al diablo con la cultural que tiene. La verdad aprendí mucho de los dos.

¿Cuál consideras que es la importancia del público en los programas de Dolina?

Nosotros nunca invitamos a la gente a concurrir se dio que algunos pibes salían de la facultad y veían a ver el programa. Y notamos que el público nos generaba una adrenalina especial que nos provocaba entusiasmo sobre todo a esa hora de la noche que uno necesita más compañía. De allí vinieron los partiditos de futbol, la risa en vivo que nos estimulaba y después cuando vimos que venía mucha gente pasamos a las instalaciones del Sindicato del Seguro desde donde los viernes hacíamos el programa ya que necesitábamos un lugar más cómodo.

¿Qué significa el Tortoni para los amantes de La venganza será terrible?

Ahí estuvimos entre el 94-2004, en las catacumbas. Un ámbito atractivo que cuando yo pasaba durante el día por su puerta no le daba importancia pero a la noche concurrían algunos duendes que le daban algo adicional al programa. Nos gustaba estar en ese lugar entre tinieblas con poca luz y en el centro porteño.

¿Cómo definirías a Alejandro Dolina?

Dolina es un maestro, un referente, autodidacta, un gran compositor de música. Se sentaba al piano y se le ocurrían unas melodías increíbles y a veces cuando estábamos con Rolon le decíamos negro anota eso que está bárbaro por favor y él nos decía anoten ustedes.

Vos recorrías su biblioteca y había de todo y me llevo a tener una inquietud por la historia universal, la mitología griega, metafísica, y también a degustar el tango al que yo no le daba mucha bola. Y cuando empecé a escucharlo de la mano de él empecé a incorporarlo a mi discografía. Tiene una lucidez, creatividad e impronta impresionante.

¿Y en compañía de él además te animabas a todo, eras polifacético?

El escenario te da esa libertad. Yo soy tímido durante el día y poco expresivo y el escenario te genera esa adrenalina y eso se lo debo a la casualidad y a la generosidad de él.

¿Cuáles fueron tus espejos o los referentes en la profesión?

Por una cuestión de sintonía escuchábamos Rivadavia siempre en el interior y como a mí me gustaba la transmisión de futbol yo seguía a los locutores comerciales de la Oral Deportiva liderada por Muñoz, de hecho los imitaba a Orlando Ferreiro y Leopoldo Costa y a todos los conductores. Por ejemplo, Carrizo es mi referente cuando él contaba anécdotas de su pueblo era parecido a lo que me pasaba a mí. Después a Larrea. Y en Radio Mitre cuando trabajaba de administrativo me hice muy amigo de Mareco con el que teníamos mucha afinidad.

¿Te imaginabas este presente?

No me imaginaba nada. Todo fue causalidad y mis pretensiones no eran ostentosas. Como diría el poeta Quevedo “sorpréndeme la vida”. De hecho lo nuestro fue modesto porque fue un éxito a las 12 de la noche pero no fue masivo en televisión. De hecho vengo del subte y la gente no me conoce mucho. Soy un tipo de radio pero en cuanto a la masividad lo nuestro al día de hoy queda como muy pequeño

¿Qué te gustó más de lo que hiciste en radio?

El relato de futbol me apasiona, es dramático para mí porque tiene tensión y eso me gustó mucho. Y después en “Demasiado tarde para lágrimas” y en “La Venganza será terrible”, disfrute muchísimo. Debo reconocer que he sido más feliz como partenaire que como conductor.

¿Te consideras un animal de radio? parafraseando a Lalo Mir

La radio es 80 por ciento de mi vida. Yo soy oyente de radio AM y FM, me produce adrenalina y es mi terapia. Yo necesitaría hacer radio todos los días, disfruto mucho del aire, se me ocurren casos que fuera del aire no pasan y además necesito estar cerca de la gente

¿Y qué te gusta escuchar en radio?

Escucho futbol, y el programa que nunca haría como por ejemplo de economía y política. Estoy muy atento a la realidad, a las finanzas. Parece increíble, pero me gusta mucho eso.

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