Angelito de River: Toda una vida pintada de rojo y blanco

Lo que se juega 28 de septiembre de 2020 Por Martín González
Cada 28 de septiembre los hinchas del club de Núñez festejan su día en homenaje al natalicio del mayor símbolo de esa institución: Ángel Amadeo Labruna.
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"Cuando el Feo hacía la joroba, nos dábamos vuelta y gritábamos". Cualquiera de los miles de hinchas que cada quince días peregrinaban hasta el estadio Monumental, que aún tenía la forma de herradura, pudieron haber dicho esta frase durante dos décadas completas, de 1939 a 1959. Es que cuando con pelota dominada se acomodaba para enfrentar al arquero, difícilmente la jugada no terminaba en gol a favor del equipo de toda su vida. Su identificación y sentido de pertenencia fue tan grande con esa camiseta, que su apellido se convirtió en el más ilustre de toda la historia de esa institución. Y con el tiempo, su figura cobró tal dimensión que su fecha de nacimiento dejó de ser un día cualquiera para los fanáticos de ese club. Así, cada 28 de septiembre se celebra el día del hincha del Club Atlético River Plate, en homenaje al natalicio de su mayor prócer: Ángel Amadeo Labruna. 

Porteño y burrero de ley, nació en el barrio de Palermo, en 1918, cuando aún en Argentina el fútbol no era profesional. Hijo del italiano Don Ángelo Labruna y la argentina Amalia Cavatorta, dueños de una relojería en la avenida Las Heras, a los ocho años ya era socio del club de toda su vida. En esos tiempos, caminaba varias veces durante el día desde la relojería de sus padres hasta la vieja cancha de River, en Alvear y Tagle (allí actualmente hay una extensa plaza, enfrente de Canal 7), para ir a jugar al básquet.

Siendo ya adolescente, tuvo que decidir si seguiría dedicándose al deporte de la pelota naranja –donde ya participaba en la categoría cadetes- o si se volcaría al otro deporte que lo apasionaba, el fútbol. Finalmente, un día de 1932, Antonio Vespucio Liberti lo convenció para que jugara en la sexta división. Ese no fue un año más para River: con la flamante incorporación de Bernabé Ferreyra, quien ese año hizo 44 goles en 33 partidos, alcanzó su primer campeonato del profesionalismo, el segundo que se jugaba desde su implementación. El gran Bernabé, a quien le decían El Mortero de Rufino por su característico fuerte disparo, inmediatamente se convirtió en su ídolo. Y desde ese reconocimiento, Angelito guardaba como una reliquia en la vidriera del negocio de sus padres una foto autografiada que le había regalado donde decía “Al futuro crack en ciernes, Bernabé Ferreyra”. 

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El debut profesional de Angelito se dio justo durante el último año como jugador profesional del mismísimo Bernabé: 1939. Aún juvenil, fue convocado a jugar en la Primera a raíz de una huelga de los profesionales del club por una sanción aplicada a uno de los cracks del equipo, José Manuel Moreno. Y justamente le tocó vestir la casaca número 10, la que usaba el “Charro”. Sus goles y excelente rendimiento determinaron que, una vez superado el conflicto, Moreno tuviera que jugar de entreala derecho porque a Labruna era imposible sacarlo. De a poco, se estaba conformando la delantera más reconocida de la historia del fútbol argentino.

En ese primer año con el equipo de Primera, Labruna le marcó su primer gol al eterno rival, Boca, que sirvió para la victoria por 2 a 1. Cuentan que después del partido se quedó festejando en la tribuna junto a la hinchada durante varias horas.

Con el cambio de década, la modificación posicional en el campo de juego de Adolfo Pedernera como falso nueve y la inclusión de dos nuevos futbolistas por las puntas –Muñoz por derecha, Loustau por izquierda- terminó de conformar la delantera argentina más recordada de todos los tiempos: La Máquina, con Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Por su estilo de juego, el equipo de La Máquina fue catalogado como pionero en la práctica del denominado Fútbol total, antecesor sudamericano de la selección de Hungría de los años 50 y de la Naranja Mecánica holandesa de los 70. Hasta los últimos días de su vida, el propio Alfredo Di Stefano, quíntuple campeón de Europa consecutivo con el Real Madrid, siempre reconoció que para él “el mejor equipo de la historia es La Máquina de River”.



La continuidad con la casaca 10 de River durante 20 años ininterrumpidos lo hizo liderar al equipo de sus amores en dos de sus décadas más destacadas, los 40 y los 50, donde se forjaron formidables equipos con las presencias de figuras tales como Amadeo Carrizo, Néstor Rossi, el propio Alfredo Di Stéfano, Norberto Yacono, Ricardo Vaghi, Federico Vairo, Alfredo Pérez, Santiago Vernazza, Eliseo Prado, Walter Gómez, Roberto Zárate o Enrique Omar Sívori (quien con su venta a la Juventus de Italia, River construyó la tribuna con la que cerró la herradura del Monumental). 

Durante esas décadas, River obtuvo varias copas nacionales e internacionales y, sobre todo, los campeonatos de Primera División de 1941, 1942, 1945, 1947, 1952, 1953, 1955, 1956 y 1957, convirtiéndose en el equipo más ganador del fútbol argentino. Pero junto a su salida como futbolista, el club de sus amores entró en una fatídica racha que le impidió conseguir un título durante casi 18 años. Tuvo que volver el propio Labruna en 1975, esta vez como director técnico, para dar vuelta esa página y ver nuevamente a River como campeón del fútbol argentino. 

Pero incluso antes de ese regreso, Angelito seguía respirando River aún cuando dirigía a otros equipos. Así, como entrenador de Rosario Central en 1971 le gritó en pleno partido al propio Norberto Osvaldo Alonso, quien luego se convertiría en uno de sus jugadores más mimados futbolísticamente: “¡Dále nene! ¡Corré que esa camiseta yo la transpiré veinte años!”. O cuando dirigía a Racing Club, en 1973, y Ubaldo Matildo Fillol rechaza la oferta de ir a River por la complicada situación del club de Núñez, Angelito lo agarra y le dice “si usted no va a River lo recontra cago a trompadas. Usted no tiene ni la más mínima idea de lo que significa jugar en River Plate, así que no lo dude y arregle”. 

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Toda una vida entrelazada con la banda roja. Junto  a sus padres, que lo hicieron socio de niño, junto a Anita, su esposa y madre de sus hijos, a quien conoció en los bailes del club. Junto a sus hijos, quienes jugaron también en la institución de sus amores. Daniel, el mayor, murió con solo 19 años, antes de llegar a Primera, producto de una leucemia. Y Omar, a quien pudo hacer debutar con el primer equipo en 1976 y con quien consiguió celebrar otro duelo ganado a Boca con gol de Labruna, esta vez de Omar, por 1 a 0, en el Metropolitano 1978. 

Labruna fue, es y será por siempre sinónimo de River. Por eso, a más de 30 años de su partida física, desde noviembre de 2015 se ubica a un costado de la entrada principal del museo, el monumento a Angelito. Allí, el Feo ofrece a los hinchas una de sus poses más características: el impacto de la pelota con el taco de su pierna derecha, símbolo del talento, la pasión y la picardía –esa que luego heredaron otros hijos predilectos del club que salieron de inferiores y luego también triunfaron como entrenadores, como Ramón Díaz y Marcelo Gallardo-,  que hace escuela en el fútbol de Argentina y el mundo.  

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Datos y curiosidades: 

-Con 293 goles en 513 partidos jugados en River Plate, es el máximo goleador argentino de la historia de la liga profesional de fútbol.

-Sus 16 goles oficiales en el superclásico lo convierten en el futbolista con mayor cantidad de tantos en la historia de los River-Boca. Cada uno de esos goles contribuyó a que su equipo nunca fuera derrotado en esos partidos. 

-Es el máximo goleador de la historia de River Plate, con un total de 317 goles oficiales en primera división, copas nacionales y copas internacionales. 

-Junto a Muñoz, Moreno, Pedernera y Loustau, formó parte a inicios de la década del 40 de La Máquina: la delantera más recordada de la historia del fútbol argentino. 

-Junto a Santiago Vernazza, Eliseo Prado, Walter Gómez y Félix Loustau, integró en la década del 50 la también célebre La Maquinita, otra inolvidable delantera que por su vistosa forma de jugar fue comparada con La Máquina original de los años 40. Además, compartió ataque con los únicos jugadores argentinos ganadores del Balón de Oro europeo hasta la llegada de Messi: Alfredo Di Stefano y Enrique Omar Sívori, ambos surgidos también del semillero riverplatense. 

-Con 16 títulos oficiales, es el jugador más ganador en la historia de River Plate.

-El 19 de septiembre de 1957, al cumplirse 25 años de su llegada a las inferiores del club, Ángel Labruna recibió el primer partido homenaje de la historia del club. Fue un amistoso con victoria 1 a 0 a Peñarol de Uruguay. En aquella tarde volvieron a juntarse los integrantes originales de la legendaria La Máquina. 

-Ya como director técnico, fue el responsable de quebrar los casi 18 años sin títulos nacionales para River Plate al obtener el campeonato Metropolitano de 1975. Continuó al frente del equipo hasta 1981, consiguiendo en total 6 campeonatos locales (Metropolitano y Nacional 1975, Metropolitano 1977 y el tricampeonato conformado por el Metropolitano y Nacional de 1979, más el Metropolitano de 1980). 

-Con 22 títulos oficiales entre jugador y técnico, es el personaje de la historia de River Plate con más vueltas olímpicas. Además, ganó como DT el primer campeonato local de Rosario Central (Nacional de 1971) y en su último trabajo,  en Argentinos Juniors (1983), armó la base de quien sería en los siguientes años campeón del fútbol argentino (Metropolitano 1984 y Nacional 1985) y de la Copa Libertadores (1985). 

-Falleció el 19 de septiembre de 1983, mientras se recuperaba de una operación de la vesícula. Tenía 64 años.

-En noviembre de 2015, de cara a la avenida Figueroa Alcorta, frente al Estadio Monumental, fue emplazada en su honor la estatua más grande del mundo en homenaje a un futbolista. Pesa 6 toneladas y mide 6,7 metros.

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