Somos argentinos, poderosos sin poder

Carta al lector. Desde El Sur también existe no personalizamos por eso deseamos lo mejor para nuestra tierra en el año que se avecina.

Por Marcela Díaz y Daniel Bornetto

Llegamos al final del año con una Argentina convulsionada por los episodios de violencia y represión que se vivieron en Buenos Aires luego de la Reforma Previsional impulsada por el Gobierno nacional.

Como medio de comunicación y más allá de nuestra posición ideológica nos proponemos construir sin herir sensibilidades, pero siempre apelando a la descripción de los hechos, sea cual sea su origen.

Es sana la discusión política, las posiciones divergentes, la defensa pasional que no ciega ni obtura la capacidad de nutrirse del pensamiento ajeno.

En definitiva, el hombre como ser social construye su mirada del mundo y posición ante los hechos reafirmando su identidad a partir del lenguaje, ya sea la lectura, una charla de café, con los medios de comunicación, en el taxi o bien con la tele encendida.

En tiempos donde la pos verdad se erige como una construcción pensada y diseñada para persuadir, la realidad impone de sujetos críticos que puedan evaluar a partir de lo que perciben con sus propios sentidos.

Porque incluso hasta está editorial tiene un sesgo, dice desde un lugar y está impregnada de como este medio piensa y siente lo que día a día nos pasa como sociedad.

No abandonemos la discusión, permitamos enriquecernos con la palabra del otro, tengamos la capacidad de pensar algo de aquello que nos dicen por más que este en nuestras antípodas, porque esa es la forma de construir una sociedad que encuentre un espejo en el que pueda verse reflejado y la proyección nos sea una imagen distorsionada

Que el fondo nos preocupe muchos más que las formas, porque el silencio y la omisión pueden ser más lacerantes que un tono de voz elevado.

Que no nos preocupe el disenso porque en la divergencia radica la democracia y sin voces disidentes el pensamiento sería homogéneo y uniforme y no habría lugar al debate.

Somos seres humanos, cada una con su especificidad e individualidad. Imbuidos por contextos sociales, criados de distintas formas, con más o menos posibilidades y herramientas para afrontar un universo despiadado del que somos responsables.

Se pueden consensuar políticas, acercas posiciones, coincidir en algunos aspectos, pero es imposible vivir en un acuerdo perpetuo porque somos distintos y eso es lo maravilloso de este periplo llamado vida.

Hay que involucrarse, comprometerse, hacerse escuchar y parar las orejas, hasta apagar la tele y dejar de leernos por un rato para pensar que nos pasa y que vemos a nuestro alrededor cuando las voces ya no aturden.

La realidad impone de seres comprometidos en un mundo donde las asimetrías cada día son más profundas, generando marginalidad y exclusión.

Comprometido con el vecino, con el que necesita, con el que sólo espera un abrazo, con aquel que por cuestiones de esta jungla perdió las certidumbres como así también los sueños

El Año Nuevo es el pan dulce, la sidra y el asado para las grandes mayorías, para algunos es desamparo y una fiesta ajena para quienes no tienen que celebrar.

Agradecer siendo agradecido es dar desde lo material hasta lo afectivo lejos de cualquier mezquindad que nos exhiba más preocupados por nuestros nimiedades superficiales y aparentes que por la profundidad de lo imprescindible.

El calendario va llegando a su fin, y nuestro deseo es que no olviden decir te quiero, ni abrazar a los suyos, ni de discutir de política, ni de soñar con un país mejor.

Nosotros desde El Sur también existe estamos orgullosos de ser argentinos, con nuestra defectos y virtudes, con nuestra miserias y desencantos.

Por esa facilidad para resurgir, para reinventarnos, para sacar agua del desierto, para reconstruirnos y volver a creer.

Por sabernos poderosos sin poder

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