Se cumplen ocho años de la erupción del Puyehue

“Ese día tuvimos que adoptar una nueva forma de salir a la calle” confesó a El Sur también existe el fotógrafo Alfredo Leiva, autor de un libro que documenta como se vivió el fenómeno que afectó a Villa La Angostura.

Autor de “4 de Junio 16.30. Cenizas en la Patagonia” Alfredo “Chino” Leiva es un reconocido reportero gráfico que reside en San Carlos de Bariloche y trabaja en el diario Rio Negro. En esta charla revela sus sensaciones aquél día y asimismo cuenta que imágenes lo impactaron al momento de documentar aquellas horas que se ven reflejadas en su libro.

¿Cómo fue tu aproximación a la primera foto que hacés aquél 4 de junio?

El título del libro lleva la hora aproximada de esa foto. Eran las 16.30 horas, yo paso por la agencia del diario (Rio Negro) y divisó a través de la ventana una nube que no era normal. Nosotros estábamos (en el edificio del Diario)  prácticamente en la costa del Lago (Nahuel Huapi) y –en ese momento- comienza la pregunta entre compañeros ¿es lluvia, que es esto?  Era una nube de un color muy poco común. Nos enteramos a través de la radio que había explotado un volcán y mi primer reacción fue tomar la cámara e irme a la costa del lago a retratar a esa  tan impactante nube que se nos venía encima, a partir de ahí comienza un trabajo de documentación en Bariloche, Villa La Angostura y los pueblos de la línea sur.

 ¿Conociendo el paisaje desprovisto de cenizas, cuál fue la impresión que te causó al verlo así?

Uno que está acostumbrado a cubrir todos los eventos que ocurren en la ciudad sabíamos que se nos venía un problemón encima. No te quiero decir que me puse contento pero sabía que iba a tener bastante trabajo por los próximos meses.  Porque no era común, empezó a cubrirse todo con una rapidez sorprendente y al comenzar uno a conectarse, a través de las redes y por teléfono, por todos los medios sabíamos que se nos venía un drama encima, en toda la región. La gente en la Villa empezó a mandar mensajes, algunos decían que se venía el fin del mundo, otros que había que irse, había que salir antes de la catástrofe y personalmente fue algo muy impactante.

¿Cúal es la primera sensación que tuviste al salir a calle, en tu contacto con la gente?

Por la característica de nuestro trabajo, yo no lo vi como la mayoría de la gente, quizás porque estamos acostumbrados. Yo cubrí las cenizas del volcán Chaitén tenía una experiencia, tenía imágenes en la memoria y las del (Volcán) Chaitén les aseguro son más impactantes que las que nos tocaron vivir a nosotros. Casas tapadas con casi dos metros de cenizas ríos desbordados o sea que lo que nos sucedió no lo viví como algo dramático sino que mi mente ya estaba acostumbrada, a mí no me tomó por sorpresa, salvo porque explotó ahí y no estábamos al tanto. No habíamos hecho un seguimiento, hay todo un proceso que hacen los especialistas que ponen al volcán en alerta amarilla, después naranja y después roja hasta que explota. Nosotros no habíamos hecho ese seguimiento por lo que la sorpresa fue que explotó ahí, a escasos metros nuestros. Después sabíamos que íbamos a tener meses de trabajo y uno a medida que ha transcurrido sus años trabajando con la cámara más a o menos sabía con lo que nos íbamos a encontrar. Por suerte no tuvimos que lamentar víctimas fatales en toda la región salvo la mortandad de animales que afectó la economía de los patagónicos, lo mismo la economía turística ya que el día después se cancelaron todas las reservas.

¿Qué recuerdos tenés del día después?

El día después, un día gris que nos comió la cabeza. Recuerdo que recibí mensajes de amigos que me decían ¿Qué hago?  Y yo decía ¿cómo esperas que te de la respuesta precisa? Había gente que podía irse que tenía los medios  para agarrar su camioneta e irse hasta cuando esto se calme y otros que por más que tuviesen ganas no con contaban con esa posibilidad. El 90 por ciento de la gente se quedó acá a transitar esta falta de colores. Fue muy impactante al día siguiente levantarse y ver el lago cubierto con casi un kilómetro y medio de cenizas de su costa hacia adentro. El viento que complicaba la visibilidad te molestaba a la garganta, la nariz, los oídos. Como dice el prólogo del libro tuvimos que adoptar una forma nueva de salir a la calle.

¿Cuál es la foto del libro que mejor retrata lo que hasta aquí nos contaste?

Sin dudas para mi es la foto de tapa en la que están unos niños mirando a través del ventanal en su casa en un barrio de Villa La Angostura. Para mí es la que mejor retrata todo lo que sucedió con el volcán porque había una imposibilidad de salir, la gente no podía mandar los chicos a la escuela, tampoco sabía qué hacer con los chicos en la casa y la ceniza seguía cayendo. Para mi esa es la foto que mejor retrata ese momento. Mucha tristeza, cierta desesperación, con el correr de los días la gente fue tratando de entender lo que estaba sucediendo.

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