Juventud, divino tesoro

En una muestra de civismo y democracia los estudiantes le picaron el boleto al aumento. Emoción, tensión, razón y argumentos en una jornada para el recuerdo.

En una jornada histórica, los estudiantes de San Martín de los Andes inclinaron la balanza y al menos hasta el momento consiguieron congelar el aumento del transporte público de pasajeros que el Concejo Deliberante estuvo a punto de sancionar.

Cuando se habla de los jóvenes, inmediatamente entre comparaciones odiosas y reproches sin memoria, adultos que consideran «que todo tiempo pasado fue mejor» olvidan quienes fueron y castigan acciones y actitudes desde el prejuicio, por no querer entender o para no querer saber.

El pasado jueves en el recinto del Deliberante, la frescura y rebeldía de esos pibes que encolumnaron a los adultos, enseñando ellos los pasos a seguir, y estimulando a quienes cansados de batallar ya les pesan las piernas, encabezaron un justo reclamo con un bien preciado del que no todos precian: la empatía; palabra esta que se repitió en cada una de las intervenciones de los chicos.

Despojados de egoísmo, sumidos al dolor ajeno, con los pies en el barro aunque en casa no llueva, se revelaron al sistema, al orden imperante, a lo establecido como dogma irrompible e inquebrantable. Adjetivos tantos que resumen la voluntad por torcer el rumbo, por cambiar el destino de la cosa juzgada reparando en el otro, el de al lado, con la premura propia de esos años y el atrevimiento necesario para ponerse al frente de un reclamo comunitario.

Testimonios que emocionan, estudiantes conmovidos, adultos que miran con ternura y admiración, y verdades disparadas al corazón de un recinto que termino por abrigarlos postergando el proyecto de aumento del boleto, fueron sólo algunas de las tantas escenas que se vivieron el pasado jueves en en Concejo Deliberante.

Entre fuertes encontronazos, reproches y reclamos, los chicos se enfrentaron a los ediles en una balanza que sopesó entre la obligación del deber ser y la rebeldía de patear el tablero.

Aplausos, emoción, las redes que estallan de mensajes, los medios que replican testimonios y la vida que en un guiño cómplice les permite ganar la pulseada, aunque ahora con la misión de no parpadear para transformarla en conquista.

Compromiso y civismo para afrontar lo que duele aunque no en carne propia, orgullo por defender con criterio y argumentos, altura para plantear y plantarse , sensibilidad hasta quebrase la voz, locura para animarse y razón para sostener un legitimo reclamo.

Son ellos el futuro, somo nosotros responsables de escucharlos y lanzarlos con alas bien grandes que se desplieguen al mundo sin temor a volar. Porque en el aire se suspenden los sueños y en ellos la verdad revelada de que todo es posible.

Por Daniel Bornetto

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