Junín abre su pulmón en el día de su cumple

Recordamos la historia de la plaza San Martín de Junín de los Andes, en el 135° aniversario de la localidad.

La vida de un pueblo nace en la plaza, como un capricho del destino ese pulmón verde es referencia ineludible ante cualquier punto equidistante. Cuantas veces preguntamos la ubicación de un negocio o una calle y la respuesta inmediata sitúa a la misma en el centro de la escena.

Cuantas otras corremos tras sus huellas para respirar, descansar o ver a los niños correr y jugar recordando ese espíritu lúdico que creímos perder

Crecimos con ella y en ese pequeño mundo conectamos con nuestra esencia, recordamos la transición de la niñez a la adultez y hacemos historia evocando cómo era y cuáles fueron sus cambios.

La Plaza San Martín –reinaugurada con ese nombre el 17 de Agosto de 1950- no es la excepción a la regla y más allá de un terreno regado de flores y especies arbóreas es el legado del primer asentamiento urbano de Neuquén hoy devenido en una pujante localidad que cumple su 135° aniversario.

Cuenta la historia que corría 1920 cuando la señora Doña Benedita Pérez llegó a Junín con sus hijos para hospedarse inicialmente en el Hotel Argentina, ubicado en Don Bosco y Coronel Suarez.

 

 

Preocupada por el mal estado en que se encontraba la plaza solicitó el permiso del padre Giner Pont para proceder a limpiar la misma, lo que representaba una ardua y compleja tarea.

No obstante, y pese a las dificultades, puso manos a la obra y con la ayuda de sus hijos logró su cometido en épocas donde los arboles de la plaza eran usados por la población para calefaccionar sus viviendas cuando arreciaba la crudeza del invierno.

Una vez en condiciones la Comisión de Fomento compró 101 especies arboreas a Francisco Moreno y Andrés Pucamer, 18 de ellos fueron donados por la Escuela N°7. Son los mismos que hoy se levantan y tienen más de 80 años.

La mayoría son pinos, aunque en el centro quedó un Sequoia (árbol típico de los Estados Unidos), plantado por el Padre Milanesio, muchas araucarias (árbol sagrado de los mapuches) y chacay .

Acto seguido se realizó una licitación pública para el alambrado perimetral, fundamental en épocas donde las vacas y los caballos de los vecinos pastaban allí impidiendo el crecimiento del pasto.

La plaza de entonces se llamaba Paseo Publico Bartolomé Mitre y nada tenía que ver con la que hoy se conoce. Su creador como quien diseño el ejido municipal fue el ingeniero Rose.

Hoy después de 135 años grandes y adultos siguen respirando de ese pulmón, incluso es el epicentro de festejos y celebraciones.

Allí seguramente se escondan amores prohibidos, romances, algún pic nic improvisado o simplemente la nostalgia de aquellos que se tiene pero de todos modos se recuerda con añoranza.

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