Gracias Flaco por tanto vuelo. Feliz cumple Luis.

Dos momentos, dos canciones y el cálido abrigo de la creación.

Por Marcela Díaz/ El Sur también existe

Poderosa energía que une y reúne, sin otro fin que posibilitar el encuentro.

Conexión álmica dirán quienes creen o simplemente la sangre, argumentarán los escépticos.

Quién sabe. Tal vez esa sea la incógnita a develar, aunque tal vez todos podamos coincidir que la mentada creación no tiene fundamento que mejor la defina que, estar cimentada desde el amor.

Un día como hoy, pero de 1950, en el barrio de Nuñez nació Luis Alberto Spinetta, simplemente el Flaco, tan tuyo, tan nuestro, definitivamente de todos.

Su DNI sostuvo que fue porteño pero que injusto –sobre todo con quien ha dado vida a tanta belleza a través de la palabra- conferirle dicho gentilicio cuando desde entrañable Villa Urquiza y su legendario estudio La Diosa Salvaje no hizo más que crear universos que nos invitaron a mirar el mundo de otro modo y a redescubrirnos por la eternidad.

Eternidad

Es escuchar a sus pares, tanto a quienes tuvieron la bendición de compartir escenarios, proyectos y cotidianeidad como a quienes cotidianamente proyectan llegar a un escenario transitando un instante musical en alguna clase de conservatorio, una esquina, un transporte público o en la absoluta soledad de sus cuartos tan cargados de sueños (A los que como muy pocos Spinetta le cantó)

Alumbrados por la belleza de alguna de sus canciones, todos coinciden en que el Flaco es inspiración.

Cuantas escenas de nuestras historias resuenan como un nítido recuerdo, musicalizadas por él: “Esa tarde” o” Aquella noche” -por citar ejemplos- y eso es haberlo trascendido todo.

Porque son discos, conciertos y son esos virtuosísimos músicos, que a lo largo de 40 años y para siempre formaron, las nunca mejor denominadas Bandas Eternas, con las que se dio el inolvidable gusto de regalar las 5 horas más hermosas que todos quienes amamos la música podremos atesorar.  

Tesoros

Cobra fuerza esa idea de sentirlo un ser cercano, afín a nuestras emociones aun cuando no hayamos contado ni siquiera con la chance de verlo en vivo alguna vez.

Spinetta es arte en sí mismo. Su voz única, su fraseo y su profundidad, en el maravilloso viaje que represento su vida, -que hoy reconocemos eterna, pero que sólo se extendió por 62 años- le dieron dio la chance –guiado indiscutiblemente por el amor- de viajar y explorar el mágico terreno de nuestras almas y vaya si las cuidó.

La imaginación otro bien preciado que su creación bien alimentó en nosotros puede llevarnos a interrogarnos ¿Cómo y cuándo pudimos ser inspiración? Y viajando al aquí y ahora pensar ¿Con que nueva gema nos hubiera conmovido?

Sin dudas nos sorprenderíamos, porque en lo deslumbrante que resulta encontrar nuestras almas desnudas con tan solo escuchar tal vez tan sólo una frase de esa canción que para cada uno puede ver vital, esa elevación claramente resulta magia pura porque todos quienes lo conocieron hablan de un tipo sencillo, humilde y de un humor exquisito.

Quizás la belleza de lo simple explique porque hoy lo celebramos y así será por siempre, porque casi cotidianamente aparece en nuestras vidas con un acorde o una melodía y estas pueden convertirse tanto en luz como en respuesta Simplemente porque la creación es trascendencia y esto confirma que Spinetta es eterno.

¿Quién sabe cómo se hubiera llevado con las redes sociales? Estas que no siempre generan desde la palabra una agradable sonoridad. Pero con palabras y sonidos, el Flaco dio vida a sólidos entramados que son cultura y protección para nuestra sociedad. Sí, Spinetta es argentino como tantas otras bendiciones que recibió este curioso suelo.

Pero allí en ese terreno quien sabe cuan inexplorado (El Flaco siempre fue vanguardia ¿Habrá abierto alguna cuenta en Facebook cuando para nosotros aún no era nada? ¿Se habrá desilusionado pronto? Quién sabe) bajo los hashtags #Flaco y #Spinetta hoy si navegas por las redes debes hacerlo con un pañuelo en mano. Si bien su cumple se estableció como Día Nacional del Músico (Desde el 2015) su vida se celebra y así será para siempre.

Y de repente ves fotos, reís con anécdotas, te conmovés con recuerdos y agradecimientos y contás con la linda chance de encontrarte en un abrazo virtual con ese otro (muchos otros) que en definitiva también sos vos, otra gran enseñanza del Flaco.

Y esa sencillez que lo ruborizaba «No me gusta que la gente me vea como un ideal o una cosa ficticia, por eso también escondo un poco la trucha» – dijo alguna vez “no lo alejó de la verdad, todo lo contrario. Él nos mostró su mundo cotidiano por eso aún es repudiable, que la voracidad de ese monstruo que es el morbo se haya apostado en su puerta para dar cuenta de esa batalla que al final –lamentablemente-no pudo ganar. Su “valiente lucha” no persiguió otro fin que la belleza.

Con ella tenía un pacto. Lo bello y lo sublime atraviesan toda su obra pero que conmovía y quien movilizaba lo más íntimo de su ser, su espíritu.

Dos momentos, dos canciones: sus maestros.

Spinetta tuvo 4 hijos (todos recorriendo caminos artísticos) dos eligieron seguir la senda de su música: Dante y Valentino.

Ambos con estilos tan personales, diferentes como distantes al de Luis Alberto. Los dos transitando búsquedas que el Flaco bancó con infinito orgullo ante la impiadosa mirada de los que portan la lupa que busca detalles (Casi siempre imperfecciones) en esa cruel pantalla que puede resultar la herencia.

¿Quién sabe cuántas veces los unió la música?

(O quizás la pregunta sea la opuesta, cuestionarnos es otra huella de su arte)

¿Cómo habrán sido esos instantes de conexión?

Dos encuentros surgen visitando los pagos de Youtube, ese amigo moderno que nos deja ser parte de increíbles shows, a cada momento y a tan solo un clic.

Club Ciudad de Buenos Aires, 2007

“Dos pequeños maestros de la vida que me han enseñado mucho, desde que vi sus ojos” Fueron las palabras que eligió para invitar a Dante –en guitarra- y a Valentino, en voz.

Juntos brillaron en una hermosa versión de Ana no Duerme (Almendra, 1969).

“Siempre habrá luces en el universo, que nunca se apagan como las almas que iluminaron” rapeó con fuerza, Valentino

Tiempo después (2009) ahora en el estadio de Vélez, en la noche de las Bandas Eternas volvieron a encontrarse para regalar juntos una versión de Necesito un amor (Manal).

“En esa hermosa melodía suena una canción, que como poesía rima con la situación, yo sólo quiero decir que sólo necesitamos amor” fraseó Valentino mientras sonaban poderosísimos los acordes de Dante.

Su huella indeleble nos atravesó, lo sabemos, lo reafirmamos hoy como homenaje.

El valor de la palabra (Quien pudo habérnoslo enseñado mejor) nos lleva a pensar que homenaje suena a poco, cuando por tantas razones sentimos que hoy no recordamos a quien no está, sino que no está físicamente alguien que de tan presente no logramos extrañar.

Se convirtió en eternidad, en leyenda, lo descubrieron muchos otros y lo disfrutan tantos más.

Su poesía, su esencia vibran alto. Es Spinetta, el Flaco, sencillamente Luis, tan tuyo, tan nuestro, tan de todos.

Sus maestros, lo visualizan como un ave: que nos sobrevuela y envuelve.17

Dice Dante en Águila Amarilla (IKV, 2012)

“Suena para siempre, sueño en tus paisajes
Sueño tu mirada, en lo que queda de este viaje”

Nos obsequia Valentino con “Hacia el Sol” (2018).

“Lo siento cercano, lo sueño, extraño el calor de su halo despierto, encuentro a su lado amparo un refugio en el alma, un remanso tan claro.

Dos canciones y el cálido abrigo de la creación.

Dos momentos: en esos escenarios y en las más íntimas escenas -tal vez simplemente acompañados por un guitarra frente a un papel en blanco o una pantalla- experimentando la libertad de crear para abrazarlo otra vez.

Lo dice uno de sus maestros, fue tanto su amor que se volvió canción.

Gracias por tanto vuelo, Feliz cumple Luis.

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