“El taekwondo me hizo persona y es mi vida”

Luego de ser distinguida por el Concejo Deliberante, la taekwondista local Malena Mierzejewsky dialogó con El Sur también existe. Habló de sus inicios, de su amor hacia el deporte y de la obtención de la medalla de plata en Tecnopolis.

La atleta local Malena Mierzejewsky fue distinguida con la Orden de Mérito por el Concejo Deliberante, tras la obtención de la medalla de plata en el Mundial celebrado en Tecnopolis.

La misma serenidad para recibir el reconocimiento es la que tiene cuando se dispone a conversar con El Sur también existe.

A lo largo de la entrevista palabras como observar y mejorar aparecen recurrentemente y no es casual. Hablan de su humildad y perseverancia que le permitieron alcanzar el sueño de alzarse con una presea.

Cuando se define técnicamente dice “me gusta la lucha e ir a buscar, mi fuerte son los puños”

Malena llegó a San Martín de los Andes a los 7 años desde Buenos Aires –ciudad de la que es oriunda-. Un año después inicio su recorrido en la disciplina de la mano de su Sabonim (instructora) Daniela Lavalle.

Juntas recorrieron un largo camino cuyo final se consumó en el Mundial pero que tiene vida y sueños, de esos que despiertan del letargo cuando se los sabe estimular.

“Yo fui una de sus primeras alumnas. Las dos nos vinimos a vivir a San Martín al mismo tiempo. Daniela me conoce de muy chica y siempre estuvo conmigo. Me acompañó y me dio su apoyo cuando no estaba bien de animo. Siempre me motivó a seguir. Si ella no lo hubiera hecho me estaría lamentando porque esta disciplina me da felicidad”.

Quienes practican Taekwondo saben que el cambio de color de los primeros cinturones sirve de estímulo para continuar, pero que lo más difícil siempre está por venir ya que el pase de azul a negro requiere de sacrificio, esfuerzo y disciplina.

“Nunca dudé que quería llegar a ser cinturón negro, desde que empecé a los 8 años.  Y lo logré con la ayuda de los familiares y la Sabonim. Parecía que faltaba mucho y al final no era nada. Lo conseguí entrenando dos días a la semana siete horas durante todo el año”. Pero siempre las ganas de mejorar y aprender fueron las mismas más allá del color. Lo mejor siempre es saber que lo diste todo”.

 

 

También recuerda aquellos primeros desafíos antes de llegar al cinturón negro

“Siempre pensaba en mejorar. Incluso cuando sonaba el timbre en la escuela estaba atenta para ir corriendo a entrenar. Entrenando me sentía libre, pero con con la seriedad de saber que tenía que mejorar. Observaba a los cinturones negro para copiar técnicas. Hay que ser muy perseverante porque nadie te regala nada, cada uno tiene que poner su esfuerzo”.

El capítulo más feliz de su corta carrera fue formar parte de un Mundial. La ansiedad que genera este torneo es la misma con la que lo recuerda

“El primer día que llegue a Tecnopolis no podía creer estar ahí y lloré de la alegría, lo veía enorme. Aparte había gente de distintos países, después vino la presentación y la medalla. Realmente fue algo único y me encantó ser parte”

Luego de la emoción vino la lucha, le tatami, las luces y los nervios lógicos de todo debut. Claro, ante hubo que pasar por la báscula.

“El primero objetivo de lograr el peso fue muy difícil por los nervios. Estaba ansiosa hasta que llegué a la balanza y di los 50. Esa fue a la primera prueba que tuve que pasar y después me fui a descansar a la espera de competir”

Y finalmente llegó el día esperado: 2 de agosto de 2018, una fecha que nunca olvidará

“Ese día que competí no estaba nerviosa, pese a que lo esperaba desde hace mucho tiempo. La primera pelea era el objetivo y le gané a Estados Unidos y eso me sirvió para relajarme.  En semifinales con Japón ya fue más difícil porque los orientales son especialistas. Mi rival tenía otra forma de moverse. Me impuse a falta de nueve segundos cuando perdía 3-1. Terminé ganando 4-3 “

“Ya en la final me tocó con la inglesa y llegué más cansada porque mi rival había hecho una pelea menos. Aparte tuvo 20 minutos de descanso y yo terminé y entré enseguida al tatami. Perdí, pero a pesar del resultado estoy feliz porque sé que lo di todo”

Una vez culminada la competencia llegó el momento de la premiación.

“En el podio lloré de alegría. Ver a mi Sabonim y a la familia fue muy emotivo. Después vinieron las felicitaciones en el colegio y ahora a pensar en Rusia 2020. A la medalla la veo todos los días y sigo sin olvidarme de todo lo que viví”

Cuando se le pregunta a Malena que sueña, lejos de hablar de resultados elige la posibilidad de estar siempre cerca de lo que dice amar: el Taekwondo

“Me llama la atención ver gente adulta que arrancó de chica y sigue practicando con el mismo entusiasmo. Eso es lo que yo quiero lograr, que esto sea parte de mí. Porque esto fue lo que me hizo persona. El taekwondo es mi vida”.

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