El día que Diego desafió a la naturaleza

Un 22 de junio de 1986 marcaba en México el gol más bello en la historia de los mundiales. «A veces lo pienso, y me parece un sueño» dijo hoy en su cuenta de Instagram. El Sur también existe propone un viaje en el túnel emocional para recordarlo así.

Una carrera magistral sin línea de llegada, perpetuada en al alma, colgada de un sueño venido de otro planeta. «Barrilete cósmico» grita Victor Hugo perdiendo la compostura, desenfadado y con el «puño apretado gritando por Argentina».

Y el «astro del fútbol mundial» va y estremece, va «dejando un tendal en el camino» y la piel se eriza y sigue hasta que una lagrima humedece la retina; de golpe vamos todos remando para llegar junto a él a esa orilla imaginaria, viendo lo inverosímil como posibilidad de certeza, creyendo que lo inevitable un día pasará.

No lo pueden detener. Responde con una y otra gambeta endiablada, dibujando con ese pincel que despliega talento, como una extensión natural del botín izquierdo que entre finta y amague se convierte en bien preciado. La película no se detiene, todos quieren ser el director y absortos observan su trayecto al arco rival, los de adentro y los del banco, todos queriendo registrar cada escena, cada milésima de ese plano secuencia que más tarde inevitablemente terminará con la película Héroes, pero ya para disfrutar desde la comodidad de una butaca.

Queda aún fresca la mano de Dios y esa ayuda para dejar «en camino todo tanque inglés» , pero la próxima parada sera eterna, bella y no habrá adjetivo calificativo para describir mas que una jugada una manera de vivir, desfachatada, de abajo y contra el poder, transgresora, incluso con pelotas al poste y otras a la tribuna, pero con la huella indeleble en el corazón de los que vivimos esa mágica tarde azteca del 22 de junio de 1986 con el Gol del Siglo.

Y en esa carrera interminable llegó el desenlace con suspenso, el mismo que lo acompaño como en un videojuego al que no le sobran fichas. De golpe -casi en un parpadeo- aparece irreverente en el área británica para dejar en el camino a Peter Shilton tocarla con sutileza y viajar a la eternidad. Y corre más que nunca en dirección al banderín del corner para soltar la locura de esos pocos segundos devenidos en obra de arte, de esas para colgar y atesorar. De las que nunca se olvidan.

Y sí, vaya si Victor Hugo tenia razón: «Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lagrimas, por este  Argentina 2 Inglaterra 0».

Por Daniel Bornetto/ El Sur también existe

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