Día del Medico: El recuerdo a Ramón Carrillo, padre del sanitarismo nacional

Vida y obra del neurólogo y neurocirujano santiagueño que dio  nombre a nuestro hospital.  Impuso además una nueva mirada sobre la medicina haciendo hincapié en las condiciones sociales que derivan en una enfermedad.

A lo largo y a lo ancho de nuestro país muchos hospitales llevan su nombre, incluso el de nuestra ciudad. No es casualidad, “el padre del sanitarismo” -así se lo considera- cumplió un rol fundamental no solo como medico neurólogo y neurocirujano sino además como titular de la Secretaría de Salud Pública durante cinco años -entre 1946 y 1951-  designado por el entonces presidente Juan Domingo Perón.

Nos referimos al Dr. Ramón Carrillo, justamente en el Día del Médico que hoy se celebra, en homenaje al natalicio del Dr.  Carlos Finlay, quien en el año 1881 descubriría las causas de transmisión de una de las enfermedades más temidas por ese entonces, la fiebre amarilla, cuyo agente vector es la picadura del mosquito aedes aegypti.

Ramón Carrillo más que ocuparse de los factores directos de las enfermedades se vinculo con aquellas cuestiones causales, desde una concepción social de la medicina y apuntando a la prevención.

“La mala vivienda, la alimentación inadecuada y los salarios bajos –sostenía– tienen tanta o más trascendencia en el estado sanitario de un pueblo, que la constelación más virulenta de agentes biológicos”

 

 

Su obra al frente de la cartera sanitaria fue inigualable, muchos de las prestaciones, apertura de nosocomios y condiciones salubres fueran impulsados bajo su gestión.

A saber, aquí solo algunos números de su gestión. Se construyeron 21 hospitales con capacidad para 22 mil camas, 200 centros sanitarios, institutos de especialización. Se  estableció gratuidad de estudios a pacientes como así también provisión de medicamentos. Puso en marcha un tren sanitario que recorría todo el país brindando atención y asistencia médica en lugares inhóspitos y remotos. Impulso la primera fábrica nacional de medicamentos, nos referimos a EMESTA

Erradicó las epidemias de tifus y brucelosis y disminuyo el Chagas. Redujo considerablemente los casos de tuberculosis como así también la mortalidad infantil, que descendió a la mitad.

Entre sus logros personales, en 1929 se recibió en la UBA con medalla de oro, un año después recibió una beca a Europa para enriquecer su conocimiento. Y en 1937 fue reconocido con el Premio Nacional de Ciencias. Dirigió también el servicios de neurología y neurocirugía del Hospital Militar Central, al tiempo que se dedico a la docencia universitaria.

Como todos los protagonistas importantes de la historia acabo en la pobreza y lejos de su tierra con el triunfo de la autodenominada “Revolución Libertadora”. Fallecería el 20 de diciembre de 1956, a los 50 años, tras sufrir un accidente cardiovascular en Belem do Pará, Brasil.

“La civilización vuela en aviones y cohetes, mientras que la cultura recorre todavía a pie los caminos del mundo. El hombre actual ha perdido la buena costumbre de la reflexión y la meditación”, dijo décadas atrás en una frase que sabe a presente.

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