“Después del partido con Inglaterra nos potenciamos tanto que no dudamos que íbamos a ser campeones del mundo”

Entrevista con Julio Olarticoechea, a 31 años de la consagración en México

Aun cuando el recuerdo de tardes legendarias en México vibra intensamente en el corazón del pueblo futbolero, la reciente final perdida, en Brasil frente a Alemania parecería potenciar aquellos instantes.

Año tras año esta fecha se convierte en un buen momento para evocar y vuelven a la pantalla: la mítica “Mano de Dios”, la corrida infinita a la gloria guiados por la desbordante magia del barrilete cósmico, el camino a la final y el merecido grito de campeón.

En esta charla con El Sur también existe, el Vasco de Saladillo – bien vale evocar a un relator de la época-  cuenta cómo fue el camino del equipo y cómo las críticas se desvanecieron ante el reconocimiento. Muestra, también, el universo Bilardo, en otra de las particulares anécdotas que lo tienen como protagonista y finalmente nos transporta a la jugada que en ocasión de la semifinal nos salvó del empate, en la tarde consagratoria de Maradona, Olarticoechea y su nuca gestaron otro instante eterno.

Teniendo en cuenta los cuestionamientos a la Selección por la última final perdida ¿Por qué creés que Argentina pudo coronarse en el 86? ¿Cuál considerás que fue la clave para que Argentina pueda obtener tal logro?

La diferencia con la actualidad es que tuvimos mucho tiempo para prepararnos. Veníamos trabajando tres días por semana desde el 83: con doble turno, videos y todo lo que Bilardo tenía. Era lógico que iba a pasar, pero pese a esto, la Selección no jugaba bien. Fuimos criticados y creo que el equipo se terminó de armar y se fortaleció y ganó seguridad ya en México. Estando ahí fue importante cuando Bilardo dio la lista porque eso nos dio confianza y fue un gran primer paso porque ya estabas entre los convocados y a partir de ahí sólo tenías que tratar de ganarte un espacio en el equipo.  Para mí fue la clave estar mucho tiempo antes en México.

Mencionaste a Bilardo ¿Cómo podés definir tu vínculo con él?

Las reuniones que tuvimos previas al Mundial fueron muy risueñas. Siempre cuento una anécdota, que aunque me cansa contarla lo define: Yo viajaba a mi pueblo, él me espero en la Autopista 25 de Mayo y armó un encuentro ahí nomás, en la pared de una casa que estaba allí me dibujo una cancha y tuvimos una charla técnica de 10 minutos. La gente caminaba e imagínate lo que sucedía cuando pasaban y nos veían: Por un lado, Bilardo que es inconfundible y yo parado mirándolo y escuchando su arenga. Me quería convencer que yo podía jugar de lateral volante como al final termine jugando.

Si bien Argentina se consagró frente a Alemania, por muchas razones en el imaginario popular quedó instalado el partido frente a Inglaterra como el de la consagración ¿Cómo recordás ese partido?

El partido contra Inglaterra fue -para todos- la final anticipada. Yo creo que la gente en Argentina lo estaba esperando con tantas ganas como nosotros. Lo tomamos como la final, lo jugamos así. Lo sentimos más que una final, en Argentina estaba muy reciente el tema Malvinas. Sabíamos lo que podía suceder si lo ganábamos. Lo que vino después para nosotros lo vivimos como una yapa, entre comillas. Después de ese partido nos potenciamos tanto que no dudamos que íbamos a ser campeones del mundo.

Y aunque aquella fue la tarde consagratoria de Maradona vos también fuiste determinante ¿Cómo recordás esa jugada también histórica?

John Barnes desbordó y tiró el segundo centro, ya había tirado uno y con él había llegado el gol del descuento. Por suerte pude anticipar al Gary Lineker, en una jugada increíble que ni yo sé cómo la saqué, por eso la bauticé “La Nuca de Dios” para no ser menos que Diego y quedar un poco en la historia.

Producción: Javier Silva

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